¿Tu ropa interior podría estar afectando tu salud? No de la forma que crees.
el 13/08/2026

¿Tu ropa interior podría estar afectando tu salud? No de la forma que crees.

Hay decisiones que pensamos mucho.

Qué crema usamos. Qué shampoo compramos. Qué ingredientes tiene el protector solar que nos ponemos todos los días.

Y luego está la ropa interior.

Esa prenda que elegimos casi en piloto automático.

Que nos acompaña desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

Que está en contacto con una de las zonas más sensibles de nuestro cuerpo durante horas.

Y de la que, curiosamente, sabemos muy poco.

Hace un tiempo empezamos a hacernos una pregunta en Meness.

No porque alguien nos dijera la respuesta, sino porque nos dimos cuenta de que casi nadie estaba haciendo la pregunta.

¿Importa realmente de qué está hecha nuestra ropa interior?

Porque cuando buscas información aparecen cientos de videos asegurando que el poliéster altera las hormonas, que el algodón es la única opción saludable o que estamos usando la ropa interior "equivocada".

Pero, ¿qué dice realmente la ciencia?

Spoiler: la conversación es bastante más interesante que un simple "algodón versus poliéster".

Quizás nunca se trató de la tela.

Sino del ambiente que esa tela crea.

Nuestra piel no deja de trabajar porque la cubramos.

Regula la temperatura, elimina humedad y convive con millones de microorganismos que forman parte de su equilibrio natural.

La piel de la zona íntima hace exactamente lo mismo.

Solo que pasa muchas más horas cubierta que cualquier otra parte del cuerpo.

Por eso, cuando hablamos de ropa interior, la verdadera pregunta no es si una tela es "buena" o "mala".

La pregunta es otra.

¿Qué pasa con tu cuerpo después de ocho, diez o doce horas usando esa prenda?

¿Retiene el calor?

¿Acumula humedad?

¿Permite que la piel respire?

Ahí es donde empiezan las diferencias.

El algodón suele recomendarse porque absorbe mejor la humedad y permite una mayor ventilación que muchas fibras sintéticas. No porque tenga propiedades mágicas, sino porque ayuda a mantener un ambiente más cómodo para la piel.

Y cuando hablamos de una zona tan delicada, ese pequeño detalle deja de ser tan pequeño.

Entonces... ¿de dónde salió la historia de las hormonas?

Probablemente de mezclar dos conversaciones que no son exactamente la misma.

Por un lado están los tejidos.

Por otro, los disruptores endocrinos, sustancias químicas capaces de interferir con el sistema hormonal y que pueden encontrarse en distintos productos de uso cotidiano, incluidos algunos tratamientos aplicados a textiles.

Pero aquí vale la pena detenernos un momento.

Que existan químicos capaces de alterar el sistema hormonal no significa que usar un calzón o un bóxer de poliéster vaya a producir ese efecto.

Hasta ahora, la evidencia científica no ha demostrado que el material de la ropa interior, por sí solo, altere nuestras hormonas.

Y creemos que esa diferencia importa.

Porque cuando simplificamos la conversación, también simplificamos las soluciones.

En los hombres, la conversación va por otro lado.

Los testículos están fuera del cuerpo por una razón.

Necesitan mantenerse unos grados más fríos para producir espermatozoides de manera óptima.

Por eso, durante años se ha investigado si la ropa interior muy ajustada puede afectar la fertilidad masculina.

La evidencia sugiere que un aumento de la temperatura puede modificar ligeramente algunos parámetros del semen.

No porque cambien las hormonas.

Sino porque cambia la temperatura.

A veces, entender el problema correcto cambia completamente la respuesta.

¿Y qué pasa con nosotras?

En las mujeres ocurre algo parecido.

El mayor beneficio de una prenda transpirable tampoco parece estar relacionado con las hormonas.

Tiene más que ver con respetar el equilibrio natural de una zona que, durante años, nos enseñaron a esconder, perfumar o "corregir", cuando en realidad funciona bastante bien por sí sola.

Una mejor ventilación puede ayudar a disminuir la humedad, reducir la fricción y favorecer un ambiente menos propicio para algunas infecciones en personas predispuestas.

No porque exista una tela perfecta.

Sino porque nuestro cuerpo agradece, muchas veces, que simplemente lo dejemos hacer su trabajo.

Tal vez estábamos haciendo la pregunta equivocada.

No se trata de demonizar el poliéster.

Ni de pensar que el algodón resolverá todos nuestros problemas.

Se trata de entender qué ponemos sobre nuestra piel todos los días, cómo fue fabricado y cómo responde nuestro cuerpo cuando pasa horas en contacto con ese material.

En Meness creemos que cuidar nuestra salud también empieza por hacernos mejores preguntas.

No para vivir con miedo.

Sino para tomar decisiones más conscientes.

Porque al final del día, el bienestar no siempre depende de hacer más.

A veces, depende simplemente de entender mejor aquello que nos acompaña todos los días, incluso cuando dejamos de prestarle atención.

 

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